domingo, 20 de abril de 2008

Mi bienvenida a todo aquel que se deje caer por este blog (parte 1)

Saludos terrícolas, llévennos con su líder.
Recuerdo una época en que solía ser un CRÉDULO. Exactamente, eso mismo, y con mayúsculas. Era una época incierta. Creía en cosas como la ouija, la predestinación ("todas las cosas suceden por algo"), el tarot, los horóscopos, las historias acerca de fantasmas, la brujería, la telepatía, las conspiraciones gubernamentales (ahora mismo recuerdo la supercobertura que le dieron en todos los programas periodísticos al video trucado en el que supuestamente le hacían una autopsia a un ser extraterrestre), las abducciones, las sueños proféticos, en las curaciones milagrosas de Joao Texeira (infame brasileño que vino al Perú, hizo dinero, y ahora sigue en Brasil, haciendo dinero al ofrecer "tours" en su página web), en las vírgenes que lloraban, en fin, una gama sumamente basta. Por cierto, recuerdo además, una época de militancia religioso-católica, que no es otra cosa más que una variante de lo que denomino "credulidad", en el marco de este texto. No se piense que era un extremista (lo que sería un caso difícilmente salvable), no. Mi día no se organizaba a rajatabla en base a las predicciones del horóscopo del periódico. Estaba en la universidad (aún sigo estudiando, dicho sea de paso), y mi vida sí que era una contradicción enorme: una parte de mí, con formación académica y curiosidad intelectual me imploraba y gritaba que no creyera en una formulación de conceptos tan nefasta y grotesca como la que manejan y postulan todas las pseudo-ciencias que he mencionado. Pero otra parte de mí que prefería huir de la realidad y que sentía que el mundo y la vida era algo sumamente aburrido, también clamaba y me gritaba que creyera en lo paranormal, que creyera en la magia, en la predestinación (que existía un "destino" impuesto por una inteligencia superior y que yo sólo era parte de ese plan). Es decir, era una paradoja sobre dos patas. En pleno siglo XXI, mi tendencia era hacia el oscurantismo. Hasta que un día desperté. Y quiero agradecer a quien considero el principal agente o catalizador de tal hecho.
A mí siempre me agradó la historia de la ciencia (otra paradoja para mi temor cada vez que alguien mencionaba a la ouija o historias acerca del demonio y el "mal"). En el 2001 llevé el curso de Cosmología con el profesor Leandro García Calderón (en la PUCP, para aquellos que no supieren), quien en la primera clase mostraba una serie de caricaturas que habían hecho de él los alumnos que habían reprobado el curso el ciclo pasado. Sin embargo más allá de la anecdóta, eso no fue lo que determinó el que yo decidiera esforzarme por abandonar la vida crédula que había llevado hasta entonces (el esfuerzo sigue, nunca acaba). El profesor, a parte de ser excéntrico, capaz de burlarse de sí mismo y de su profesión, siempre demostró su lado crítico, e inconforme con las estructuras impuestas, y la aceptación pasiva de "verdades". A partir de ahí, ya sólo fue cuestión de acercarme a otros autores, como Carl Sagan, investigar un poco sobre los grandes fraudes "sobrenaturales" de la historia, como el caso de Uri Geller, toparme con la Fundación James Randi (James Randi Educational Foundation), ver videos en Youtube de Penn and Teller, y, obviamente sentirme ingenuo al haber pensado que las performances de David Copperfield que veía en Ayer y Hoy cuando niño eran prueba irrefutable de que la magia existe (nota: en youtube van a encontrar las explicaciones simples y lógicas de los trucos de magia que parecían ser inexplicables) . Y de ahí ya sólo bastaba un corto paso para llegar a ser lo que soy ahora...

No hay comentarios: